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lunes, 25 de octubre de 2010

Bolonia y los conejillos de indias

Hace un par de días me decía una alumna (y sin embargo amiga) del campus que con esto de Bolonia y tantas metodologías y técnicas docentes que vamos probando los profesores, los alumnos se sienten como conejillos de indias.
Y he pensado que tiene toda la razón.
Pero creo que es mejor que sean conejillos de indias que no conejos procesados en serie. Al menos, que se experimente con la docencia significa que se busca que algo cambie, ¿no?

jueves, 2 de abril de 2009

La responsable de Educación del PSOE habla de Bolonia


Esta es una entrevista con la responsable de Educación del PSOE, Cándida Martínez, en la que habla de qué es Bolonia. Uno podrá creerse o no las explicaciones de la Sra. Martínez (que lógicamente no es objetiva), pero este es el tipo de iniciativa que hace MUCHO que tenía que haberse llevado a cabo, para que todos los implicados supieran desde el principio qué es y qué no es todo esto que se resume con el nombre de Bolonia.

Seguramente nos habríamos ahorrado muchas broncas, muchos malos entendidos y muchas interpretaciones estúpidas de qué es el EEES pero, sobre todo, se habría llevado a cabo este proceso desde su inicio con menos dosis de despotismo ilustrado ("todo para los universitarios pero sin los universitarios").

Aquí han fallado todos: Ministerio, Universidades y partidos políticos. Una pena, porque ya es tarde para convencer a gran parte de los universitarios de este país de las supuestas bondades del EEES (que, en mi opinión, las tiene a pesar de que en España se está construyendo con salva sea la parte).

Entre otras cosas, en esta entrevista la Sra. Martínez da la visión del PSOE sobre la supuesta privatización de la Universidad, la política de becas, los masters,...



¿Mi opinión sobre Bolonia y las protestas anti-Bolonia? Pues como decían en La Historia Interminable, "esa es otra historia que merece ser contada en otra ocasión" ;-)

sábado, 14 de febrero de 2009

El largo y tortuoso camino hacia Bolonia


Este año en mi Escuela se han adaptado al sistema ECTS unas 30 asignaturas de las titulaciones de Informática de Gestión y de Ingeniería en Informática. Es un importante salto cualitativo de las 7 asignaturas que hubo en los dos años anteriores y que sin duda obedece a la inmediatez de la llegada del título de Grado: el profesorado trata de "adaptarse a Bolonia" con las asignaturas que imparte en la actualidad.

Unos profesores han asistido en los últimos años a cursos sobre adaptación al EEES, otros se han limitado a leer información en libros o por la Red, y otros se han "adaptado" (una fea palabra, porque parece que los que no lo han hecho son unos "inadaptados") como han podido. Una vez terminado el primer cuatrimestre el balance no parece ser muy positivo entre los alumnos. Las quejas más habituales tienen que ver con el exceso de trabajo, la gran cantidad de trabajos, entregas y parciales, y la poca coordinación entre asignaturas para organizar la entrega de las prácticas.

Y es que me da la sensación de que la adaptación al EEES se está resumiendo en una simple evaluación continua, en la que además cada profesor decide qué es una evaluación continua. Así tenemos, por ejemplo, quien hace exámenes parciales cada dos o tres semanas (y alguno a menudo por sorpresa), al más puro estilo de mi Instituto en los años 80. Otros van pidiendo trabajos periódicamente y luego se pegan enormes atracones corrigiendo durante todo el cuatrimestre, y se lamentan porque dejan de lado sus actividades de investigación. También está quien intenta llevar adelante una planificación de tareas prusiana que al menor imprevisto puede saltar por los aires (una huelga, una baja por enfermedad,...).


Que yo sepa en ningún sitio del Tratado de Bolonia se dice que tenga que haber una evaluación continua, pero lo que está claro es que, puesto que las asignaturas y sus contenidos ya no se planifican en función del número de horas de clase sino del número de horas que el alumno medio (esa es otra, ¿quién es el alumno medio?) debe de dedicar para superar con éxito la asignatura, el profesorado de la Universidad española se ha visto abocado a cambiar sus hábitos docentes, que hasta el momento poco más daban de sí más allá de la clase magistral y la práctica más o menos guiada en el laboratorio. Los alumnos que estudian los últimos años del sistema LRU están sufriendo las consecuencias de ser unos auténticos conejillos de indias de todos los experimentos que los profesores vamos haciendo a medida que asistimos a cursos sobre métodos docentes, trabajo colaborativo, aprendizaje basado en proyectos, herramientas de la web2.0, etc.


Estoy convencido de que a medio plazo la forma de impartir la clase el profesorado medio español va a cambiar radicalmente para bien (siempre y cuando de verdad dejemos de tener 150 o 200 alumnos en un aula, porque si eso no se corrige, si no se hace el necesario esfuerzo para disminuir el tamaño medio de los grupos, absolutamente nada cambiará), pero por ahora lo que se está provocando en muchos casos es el enfado y el desconcierto de gran parte del alumnado, que no ve que Bolonia le esté trayendo nada nuevo.
Sin embargo, y para ser justos, también hay que matizar algunas cosas. Cuando hemos realizado alguna encuesta para conocer cuantas horas trabajan los alumnos semanalmente, lo cierto es que la media no supera las 30-35 horas (aunque hay esa dedicación no es todo lo uniforme que debería ser, algo que sin duda se irá corrigiendo con la experiencia del profesorado y la mejora de sus estimaciones). En alguna ocasión me he dirigido a un alumno que se quejaba y le he dicho "mírame a los ojos y dime que llevas currando entre 35 y 40 horas a la semana desde el 22 de septiembre", y la respuesta ha sido, invariablemente, que no. Pues Bolonia busca eso, que el alumno sea un profesional del estudio y curre entre 35 y 40 horas a la semana (¿realmente tienen que trabajar los alumnos universitarios todas esas horas? no sé, no lo tengo tan claro pero eso es lo que está estipulado). Y al alumno, al que se ha dejado toda su vida hacer lo imprescindible hasta un par de semanas antes de los exámenes eso, lógicamente, le cuesta mucho. Pero lo que más me sorprende es que la mayoría de las guías docentes dan la oportunidad de acogerse a un "sistema de evaluación para no asistentes", es decir, a un sistema clásico puro y duro, el que el alumno mejor conoce, y sin embargo prácticamente nadie lo escoge. El motivo es que el alumno sabe perfectamente que con el primer sistema tiene más probabilidades de aprobar.

Todos tenemos mucho que aprender. El alumno, a trabajar desde el primer día, a organizarse y planificar su tiempo, priorizar sus actividades, responsabilizarse de su aprendizaje y abandonar la postura del "escuchante" en clase. Cuando yo estudiaba al menos tomábamos apuntes, ahora con las presentaciones ya ni siquiera se hace eso, lo que debe de ser el colmo del aburrimiento. A veces me planteo dejar de utilizarlas, porque el alumno confunde la transparencia (que es un apoyo a la explicación del profesor) con unos apuntes.


Por otra parte, el profesorado tiene que abandonar muchos hábitos y tiene que adquirir otros. Tiene que asumir que recortar su temario no es un sacrilegio, y que si el alumno no recibe una sesuda clase magistral sobre el punto 8.4 del temario no por ello va a acabar en el arroyo convertido en un homeless desarraigado y apartado de la sociedad. El profesor tiene que asumir que la clase magistral puede ser importante, pero desde luego no es lo más importante en el proceso de aprendizaje del alumno. Y tiene que aprender a planificar y a establecer mecanismos de medición del tiempo que dedican sus alumnos para poder mejorar continuamente sus estimaciones y su planificación. Pero eso sí, a los profesores alguien debería de explicarles mejor qué es lo que se espera de ellos, cómo se va a reconocer el enorme esfuerzo de adaptación que estamos realizando, y si se va a valorar de alguna forma al buen profesor o, por el contrario, los seguirán evaluando por el número de JCRs que publican cada seis años. El voluntarismo dura un tiempo, pero inevitablemente se acaba y si no hay una apuesta clara y firme por guiar y apoyar con medios técnicos y humanos al profesorado en esta reconversión podríamos acabar volviendo, desmoralizados, al punto de partida, a la clase magistral.

Aclaración: algún comentario me demuestra que lo de Bolonia todavía no está muy bien explicado. Las 35-40 horas a la semana INCLUYEN las horas de clase, tutorías, etc. Es decir, TODAS las actividades académicas del alumno, tanto presenciales como no presenciales.